Tu jardín se merece el riego más ecológico

El tipo de riego que se elige es fundamental para mantener el jardín siempre perfecto.

¿Es posible mantener un jardín digno de cualquier palacio y que, a la vez, sea completamente ecológico y sostenible? La respuesta es sí y el secreto para conseguirlo es el tipo de riego que se emplee.

Pese a que se disponga de agua más que suficiente, el derroche de un recurso tan preciado no es beneficioso –ni para el medio ambiente ni para nuestro bolsillo- por lo que conviene asegurarse de que se emplea el mejor sistema para mantener el jardín verde sin cometer ningún tipo de exceso.

En primer lugar hay que analizar diversos aspectos del jardín para evitar tanto los excesos como la falta de agua. Así, e incluso antes de plantar ninguna especie para elegir las que mejor se adaptan, se debe tener en cuenta:

    El clima: si es más lluvioso o menos y la temperaturas máximas y mínimas que pueden llegar a registrarse.
    El tipo del suelo en el que se encuentra: no es lo mismo un jardín con base arcillosa que uno de arenisca.
    El tamaño del jardín.
    El tiempo que se dispone para cuidarlo.
    El presupuesto que se quiera dedicar: para optar por soluciones más o menos económicas y plantas que requieran más o menos cuidados.

Una vez que se han valorado estas premisas, se puede investigar sobre los diferentes tipos de riego que existen actualmente y que favorecen el ahorro y la sostenibilidad:

    Riego por exudación: Se trata de un sistema que emplea un tubo poroso que exuda agua, lo que permite una humedad continua en las zonas en las que se instala. Cuando este tubo se entierra –que suele ser lo más recomendable para facilitar su interactuación con la tierra y con los nutrientes que ésta posee- se reduce aún más la evaporación y facilita que el agua llegue a la zona de la planta que realmente lo necesita.

    Riego por goteo o localizado: Es un método de irrigación que se emplea especialmente en las zonas más áridas. Permite aplicar el agua gota a gota y actúa directamente sobre las raíces de las plantas gracias a un sistema de tuberías y goteros. Puede instalarse de forma subterránea que, a parte de no estropear la estética del jardín, favorece un mayor ahorro al evitar la evaporación del agua por la radiación solar.

    Riego por aspersión: El agua llega a las plantas como si se tratara de “lluvia” localizada. Su mayor ventaja es que puede regularse para que sea más o menos abundante y para espacios de diferentes dimensiones. En los espacios más reducidos se emplea el riego por dispersión.

Igualmente, y sobre todo en jardines pequeños, es útil el empleo de pistolas de agua, regaderas y las macetas de autorriego, es decir, los diferentes elementos de riego controlado que se emplean en los casos en los que cada planta puede recibir una atención prácticamente personalizada.

Via mundojardineria.com

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