Podar adecuadamente a un árbol


Podar un árbol es una práctica que debemos realizar para reforzar su crecimiento y mantenerlo una vez que el ejemplar es adulto. La podas inicial se denomina de formación y se realiza para dar forma al árbol. Se realiza durante los primeros años del ejemplar y tiene como objetivo conducir las ramas para que queden bien distribuidas.

Con ello también se consigue que la planta crezca fuerte, que la copa se encuentre a cierta altura del suelo (en este caso hay que elegir la que más nos convenga para que una persona pueda pasar por debajo, para que podamos pasar con un vehículo, etc.) y que adquiera un aspecto ornamental y cuidado.

En este caso, hay que selecciona las ramas que estén mejor repartidas alrededor del tronco y escalonadas entre sí. Debemos evitar que salgan varias ramas del mismo punto o una justo encima de otra, pues esos punto al soportar más cargas son mucho más vulnerables  y corren el riesgo de romperse.

La poda de mantenimiento es aquella que se hace cuando el árbol ha alcanzado cierta altura. Se realizará de forma periódica y tratará de mantener la estructura escogida durante los primeros años del árbol, eliminando aquellas ramas que no nos interesan para su correcto desarrollo. De esta manera, se irán sumando las ramas secundarias a la estructura principal eliminando las ramas secas, aquellas que se crucen de un punto a otro de la copa, los chupones, las que toquen cables o se salgan de nuestras vallas, etc. En este sentido se puede decir que la poda de mantenimiento se compone de tres momentos: aclareo de las ramas, reducción de la copa y modelado de la forma.

Existe una variedad de poda de mantenimiento que es la denominada poda topiaria. En este caso se trata de modelar el árbol dándole una forma ornamental escogida por el propietario. Exige maestría en el manejo de las herramientas y mucha precisión en el corte.

La poda no se puede realizar cuando nos parezca oportuno. La mejor época del año es a finales del invierno. Si la hacemos durante la primavera o el verano solo conseguiremos parar el desarrollo del árbol. Además, durante el invierno, al haber menos hojas podemos ver mejor la estructura básica del árbol y localizar aquellas ramas que le sobran o que nos estorban. En caso de que podamos un árbol cuando aún hace frío expondremos a nuestra planta a hongos que pueden enfermarle.

No todos los árboles necesitan someterse a poda una vez al año, pues los ornamentales aguantan más tiempo que los frutales. Incluso hay variedades como el abeto que apenas requieren intervenciones durante sus primeros años de vida. Así pues, debemos informarnos antes de qué tipo de árbol tenemos y considerar sus necesidades concretas.


Via guiadejardineria.com

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