Lavanda: Cultivo, riego y cuidados

La lavanda es un subarbusto poseedor de una gran resistencia, un color atractivo  y un exquisito aroma, que es muy utilizado para embellecer jardines y macetones, además de ser conocida como una planta con numerosas propiedades medicinales.

Lavanda: Cultivo, riego y cuidados

Si bien la lavanda pertenece a un género rústico que se adapta muy bien a cualquier estructura de suelo, crece mejor en sustratos bien sueltos, calcáreos, arenosos, secos  y con un contenido medio en materia orgánica. Es necesario que haya un buen drenaje para evitar encharcamientos que pueden afectar su crecimiento e incluso pudrir sus raíces. De ahí que también se recomiende no cultivarla en lugares donde se registren abundantes lluvias.

En cuanto al momento ideal para plantar la lavanda, debe considerarse primero si se quiere trabajar con la multiplicación por semillas o por gajos (esquejes). En el primer caso, se suele plantar en semillero a comienzos de la primavera, y se la trasplanta en otoño o invierno, cuando ya ha germinado y crecido un poco.

Cuando se decide obtener una nueva planta de lavanda a partir de un gajo, la época ideal para separar la rama elegida es al final del verano, cuando ha terminado el proceso de floración.

Cabe destacar que, por corresponder a un género propio de climas cálidos y templados, las distintas especies de lavanda crecen mucho mejor se se hallan expuestas a una importante dosis de la luz solar.

En cuanto a su riego, esta planta no necesita mucha agua, aunque para sacar mejor provecho de esta aromática se suele recomendar regarla una vez por semana. En el caso de los ejemplares colocados en macetones, es recomendable aumentar un poco esa cuota de líquido elemento durante la temporada estival.

Aunque la lavanda posee una alta resistencia a distintos factores ambientales, es conveniente evitar la presencia de malas hierbas que pudieran interferir en el crecimiento normal del cultivo.

Esto puede lograrse arando  superficialmente la tierra una vez al comenzar la primavera, removiendo el suelo al menos dos veces después de la cosecha de flores, y una más en invierno. Esta tarea también permite airear y mullir el terreno, lo que ayuda a prevenir la aparición de algunas de las enfermedades que afectan a estas plantas, incluyendo ciertos hongos de raíces y la denominada “tristeza de la lavanda“.

Respecto de la poda, suele recomendarse recortar la lavanda unos 20 cm después de la floración para provocar un nuevo desarrollo sano y para que presente un aspecto agradablemente compacto durante su crecimiento en  la temporada invernal.

Via flordeplanta.com.ar

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